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A veces te siento tan lejos, que siento que te perdí para siempre. Y es que así es. Nunca olvidaré el momento en el que dejé de verte con aquellos ojos de indiferencia, y siempre tendré presente aquellos momentos irrepetibles que se almacenan en mi mente, aquellos que no quieren perderse por nada del mundo. Puedo ver aún aquellas conversaciones interminables en mi mente, y siempre sonreiré de la misma manera. Intuía tu sonrisa y me gustaba aquella sensación, el saber que, a tanta distancia, podía hacer algo tan bonito como conseguir una simple sonrisa. A veces, pienso qué hubiese pasado si todo hubiese sido diferente, si en vez de decir una cosa, hubiese dicho otra. Me hubiese gustado decirte tantas y tantas cosas en su momento, que siento que quizá la culpa fue de aquel miedo a estropearlo todo que me torturaba. En ocasiones, pienso que mis palabras nunca serán las acertadas para que las comprendas, que nunca llegaremos a entendernos, que el destino ya no quiso que nuestros caminos se cruzasen. Creo que de todo esto, recordaré todo, lo bueno y lo malo, todo lo que pasamos, todos los minutos, y todo el amor que un día me dejaste darte, para sonreír pensándolo, para que, cuando no pueda más, recuerde de nuevo tus palabras, y continúe. Que seguirás siendo siempre la persona en la que piense cuando escriba, cuando haga esas cosas que tanto te gustaban, cuando oiga esas canciones. Que tardaré en olvidarte, estoy segura, pero, como una gran amiga me dijo, no se trata de olvidar, sino de aprender a vivir sin él, porque nunca en la vida podrás olvidarlo. Y la vida sigue, y cada uno continúa a su manera, y me he dado cuenta. Simplemente, vi que, después de un amor, conservar una amistad es complicado, y más si sólo funciona una de las dos partes, si no lo intentamos, si no sentimos de verdad que debemos seguir juntos. Darte las gracias, por todo lo bueno, sería poco, y llorar por todo lo malo, se quedaría corto. Siempre me fue difícil decirte "te quiero", y nunca tendré la oportunidad, ni el coraje, de coger el teléfono, llamarte, y antes de que digas nada, decir que te quiero, que no puedo olvidarte, y siempre me arrepentiré de no hacerlo, de haber pedido tanto, y haber dado tan poco de lo que podría haberte dado. Sé que me arrepentiré de muchas cosas, pero me alegrará el hecho de haber conocido a alguien tan especial para mí, y el simple hecho de saber que tú estarás bien, me hará feliz.
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